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Pita y Copa del Mundo Ecuador

Desde que clasifiqué a la PWC en Guayaquil, Ecuador, estaba con la motivación a mil. Contaba los días para ir a volar a este lugar al que ya había ido dos veces y donde el vuelo se me daba tan bien.

Compré mi pasaje con tiempo, reservé hospedaje y tenía todo listo. Empezaba la cuenta regresiva y me moría de ganas por ir. Pero el viaje no se terminaba de armar: dos semanas antes del viaje me encontré sin parapente porque me enteré que el prototipo que había recibido no podía volarlo y la salud de Pita, mi gata, se estaba deteriorando. Tanta motivación me cegó y no me dejó entender que tenía que quedarme.

Lo del parapente lo resolví gracias a la campeona mundial Seiko Fukuoka que me vendió una de sus alas y lo de Pita, bueno, eso ya no tenía solución.

Luego de que le diagnosticaran cáncer en agosto, vi como mi compañera desde hace 18 años se iba deteriorando hasta que unos días antes del viaje decidió rendirse y dejar de comer. Es como si sabía que me iba un mes. El veterinario me dijo que le quedaban días y tuve que tomar la difícil decisión de dormirla.

La motivación se esfumó y me invadió un sentimiento de culpa y un dolor demasiado intenso. Empecé a cuestionarme por qué tomamos decisiones por nuestras mascotas y por qué tenemos mascotas en primer lugar…

Ecuador me recibió con sol, calor, condiciones buenas de vuelo y compañeros de vuelo de todo el mundo: la gran familia de la Copa del Mundo. Luego de dos días de entrenamiento empezó la competencia y el primer día estuvo, pues bastante malo. Por ser Bototillo un despegue pequeño, decidí despegar entre las primeras para evitar hacer una fila interminable y estresante, pero despegué en mal momento y mi vuelo duró ocho minutos.

Pude volver a subir al despegue, volar por placer y disfrutar de un rato en el aire luego de tan mal inicio.

Los siguientes días, el clima no cooperaba y teníamos condiciones demasiado suaves para hacer mangas con seguridad, pero igual volábamos y cada vuelo me servía para reflexionar un poco y para encontrar de nuevo la motivación para concentrarme en mi competencia.

En la segunda manga arranqué mal, pero luego pude recuperarme y llegar a gol. Había logrado volver a conectarme con el vuelo y volver a modo competencia.

El clima siguió jugando con la paciencia de pilotos y organizadores, pero volar por recreación y la eventual parrilla entre pilotos nos mantuvieron ocupados y motivados.

El último día, las condiciones no parecían tan buenas, pero igual se programó una manga. Salí nuevamente entre los primeros y con la paciencia que me caracteriza, tomé altura y logré mantenerme alta hasta la apertura del start. Empecé la carrera como dicen los memes, “Nivel: Sayayin”. Era la más alta y entre los primeros, pero nos dirigíamos a Mordor, a la zona de Bastión donde el sol parecía que no iba a salir jamás. Consciente de que el día estaba difícil, mi meta era mantenerme con el primer grupo porque si me quedaba sola sería más difícil.

Fuimos avanzando a lo largo de la ruta un grupo de altísimo nivel que nos ayudábamos entre todos. Vi la oportunidad de escaparme una vez con un par de pilotos pero decidí calmarme después y concentrarme en llegar a gol con ellos.

Antes de la última baliza, el grupo se dividió en grupos más pequeños y me quedé un poco baja y casi que sola. Tuve que cambiarme a modo supervivencia y logré llegar a gol.

No cabía de la alegría y me conmovió que varios pilotos se acercaron a felicitarme por como había volado.

Lamentablemente, no pude montarme en el podio y terminé de cuarta, pero haber quedado de 30 esa última manga y de 61 en la general luego de haber empezado de última fue muy satisfactorio.

Ahora viene el reto que tengo esperando todo el año: romper el récord mundial en Quixadá, Brasil. Estoy emocionada, preparada y tranquila porque en el aire me acompañarán recuerdos hermosos de mi compañera gatuna.

Mira los resultados en http://pwca.org/results/results/